26 abril 2010

La mayor riqueza es... ¿un suelo no muy rico?

Al avanzar la primavera, nuestro ecosistema se transforma rápidamente, cuando, cada pocas semanas, cambian las flores dominantes en el pastizal. Por ejemplo, concluye en estos días el tiempo de los Senecio minutus, esas minúsculas margaritas endémicas amarillas, y comienza el tiempo de los ranúnculos (Ranunculus paludosus), cuyas flores, como botones dorados, se abren por doquier, junto con todo su cortejo de especies acompañantes: orquídeas-abeja, acederas de lagarto, silenes, minúsculas cariofiláceas, y tulipanes de monte, manzanillas portuguesas, espigas de Vulpia, lino de lagartijas, herraduras, vulnerarias...

¿Cómo pueden tantas especies distintas crecer en el mismo ecosistema? Como vimos antes, parte de la respuesta parece estar en que los herbívoros impiden que unas especies excluyan a otras, pero no deja de ser llamativo que un suelo tan pobre, tan rocoso, albergue tantísima biodiversidad. A primera vista, uno podría pensar que cuanto más rico sea el suelo, más especies vegetales habrá en él, pero, de nuevo, puede que la intuición nos engañe. Porque la mayor biodiversidad suele darse no en los suelos más ricos, ni tampoco en los más pobres, sino en los que no son ni muy pobres ni muy ricos... más bien medianamente pobres. Suelos como el de nuestro ecosistema, casualmente. ¿A qué puede deberse esta extraña relación? ¿Tendrá que ver la competencia entre especies, favorecida en suelos muy ricos? La respuesta parece que no está clara, y el tema permanece como uno de los más complejos de la ecología actual - incluso hay quien duda de que esa relación entre biodiversidad y productividad del suelo realmente exista a escala mundial, aunque sí se dé, por ejemplo, en los pastos mediterráneos. La controversia está servida... ¿alguna idea?

4 comentarios:

Ramuol dijo...

Qué pasada el Senecio minutus, hasta que conseguí identificarlo hace un par de primaveras me costó un triunfo!! En cuanto a lo de los terrenos, es grande la capacidad que tienen algunos de ellos de sorprender a naturalistas y fotógrafos...Donde menos te lo esperas, al llegar la primavera, nace un "jardín" de flores que ya quisieran algunos, la razón, ni idea, pero me gusta pensar que esos terrenos aparentemente pobres o muy pobres encierran en su interior algún secreto que les hace especiales al llegar el buen tiempo...
Saludos naturalista

El Naturalista dijo...

Sí son difíciles todas estas hierbas pequeñas, Ramuol, ¡lo sabemos por experiencia! Hay algunas que me ha costado años identificar bien, pero merece la pena, porque muchas son endemismos mediterráneos o ibéricos. Respecto al secreto... ¿cuál será? ¿Serán las ovejas pastando? ¿Los conejos? ¿La diversidad de entornos del suelo?

Saludos naturalistas.

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

No sé a qué se deba la paradoja del biodiverso suelo algo-pobre, pero me ha venido a la cabeza el caso de los megaforbios (grandes hierbas) de montaña (lo he observado más en el Pirineo). Allí donde abundan es porque el suelo es rico, fresco y profundo (lo que denota estabilidad)...pero unas pocas especies se adueñan de todo. Justo lo contario de lo sucedido en los algo-pobres suelos mediterráneos.
Supongo que el asunto tiene que ver con la diversidad de condiciones meteorológicas (encharcamientos, sequía, heladas, recalentamiento...) a las que se exponen algunos suelos mediterráneos y la competencia entre una gran diversidad de plantas adaptadas a esas variadas e inestables circunstancias.
(Por decir algo...)

Saludos, Naturalista.

El Naturalista dijo...

Fcº Javier, creo que por ahí debe de ir la cuestión, al haber buenas condiciones de crecimiento se favorece que unas pocas especies puedan desbancar a las demás, y al haber condiciones peores es más difícil esa exclusión competitiva. Si a eso le unimos una meteorología muy poco previsible, que cambia de continuo las presiones de selección sobre las especies, quizá el resultado sea la alta biodiversidad de estos pastitos... (Por decir algo...).

Saludos, también naturalista.